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Escudriñad las Escrituras, Opinión y estudio del evangelio, Oración

Cuando comprendas quién eres de verdad 

Cuando comprendas quién eres de verdad

El amor y estudio de las escrituras y la oración sincera nos permitirán sentir fuertemente nuestra dependencia en, y amor por, nuestro Padre Celestial, su hijo Jesucristo y el Espíritu Santo. Y esto, a su vez, nos darán la fuerza, motivación y la gracia del Señor, para seguir firmes en la fe en Jesucristo, a pesar de las vicisitudes que tengamos que enfrentar. No es que no tengamos que pasar por tribulaciones, pero estas no tendrán el mismo pesar cuando el Espíritu Santo sea nuestro compañero constante y nuestro consuelo.

Existe un fuerte vínculo entre la oración y el estudio de las escrituras. Hay tanto que aprender y tan poco tiempo para hacerlo en nuestra corta vida aquí en la tierra. Quisiera compartir algunas enseñanzas del presidente Henry B. Eyring, al respecto de estos dos tesoros. Me he basado en sólo cuatro discursos del presidente Eyring, tres de ellos los ofreció como parte de una Conferencia General (“Oración”, octubre 2001; “Con la fuerza del Señor”, abril 2004; “Presten servicio con el Espíritu”, octubre 2010; y “The life-changing moment that made President Eyring realize his full potential”. Church News, 6 de noviembre de 2018).

Lo que hay que hacer primero, en medio y al final es orar

“Lo que hay que hacer primero, en medio y al final es orar… Otra cosa sencilla que permite que Dios nos dé fortaleza es el deleitarnos en Su palabra: lean los libros canónicos de la Iglesia, así como las palabras de los profetas vivientes, y mediten en ellos. Existe una promesa de ayuda divina cuando se lleva a cabo esa práctica diaria. El estudio fiel de las Escrituras nos trae la manifestación del Espíritu Santo. La promesa está en el Libro de Mormón y se aplica también a todas las palabras de Dios que Él nos ha dado y nos dará por conducto de Sus profetas” (énfasis agregado).

Noten que el presidente Eyring nos está enseñando de que la promesa de Moroni 10, en cuanto al Libro de Mormón, también la podemos poner en práctica en cuanto a las enseñanzas de los otros libros canónicos y las palabras que escuchamos durante las sesiones de Conferencia General. Podríamos decir que esto no sólo es un privilegio, sino además una obligación de nuestra parte.

“Como humildes siervos del Salvador, debemos pedir en oración que las manifestaciones del Espíritu Santo vengan a nosotros en nuestro servicio y a aquellos a quienes servimos. La oración humilde a nuestro Padre Celestial, con profunda fe en Jesucristo, es esencial para ser dignos de la compañía del Espíritu Santo” (énfasis agregado). Qué interesante es saber que la oración nos ayuda en el camino hacia la dignidad.

Al meditar, invitamos a la revelación

No basta leer, sino que debemos meditar sobre lo que leemos. “La humildad y la fe que invitan a los dones espirituales aumentan cuando leemos, estudiamos y meditamos las Escrituras. Todos hemos oído esas palabras, pero quizá leamos unas pocas líneas o páginas de las Escrituras por día y esperemos que sea suficiente. Sin embargo, leer, estudiar y meditar no son la misma cosa. Al leer palabras quizás obtengamos ideas. Al estudiar, quizás descubramos modelos que se repiten y conexiones entre pasajes. Pero al meditar, invitamos a la revelación por medio del Espíritu” (énfasis agregado).

Noten la definición del presidente Eyring, quien nos enseña: “Meditar, para mí, es pensar y orar después de leer y estudiar las Escrituras con detenimiento”. Todo esto, a la vez, nos trae la compañía constante del Espíritu: “El arrepentimiento, la oración y el meditar en las Escrituras son pasos esenciales para ser dignos de los dones del Espíritu … Nuestro poder para servir será magnificado aún más al seguir adelante con fe en nuestros llamamientos, con el Espíritu Santo como ayuda”.

De vez en cuando escucho a personas que piensan que el estudio de las escrituras es demasiado difícil, o demasiado fácil. Algunos piensan que como han sido miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días por tanto tiempo, que ya lo saben todo. Están aburridos. Puedo testificar que hay tanto que estudiar que ni en mil vidas de cien años cada una podríamos comenzar a comprender las escrituras y las palabras de los profetas en sus niveles más sublimes. Yo he dedicado la gran parte de mi vida al estudio del profeta Isaías, por ejemplo, y estoy apenas topando la superficie de lo que espero algún día comprender. Para aquellos que piensan que es muy difícil el estudio de las escrituras, podemos aprovechar las palabras del presidente Eyring en cuanto a las matemáticas y la física, y aplicarlas al estudio de la Palabra.

Cuando comprendas quién eres de verdad

Como joven, el presidente Eyring sintió deseos de abandonar sus estudios, ya que no sólo eran muy difíciles, sino que además notaba que otros jóvenes lograban captar mucho mejor que él. Todo esto cambió una noche en la claramente escuchó una voz apacible, cariñosa y firme en su mente: “Cuando comprendas quién eres de verdad, sentirás el no haber trabajado con más esfuerzo”. Esta experiencia le sirvió para esforzarse con más esmero en sus estudios universitarios y en el resto de su vida.

“Con la ayuda del Espíritu Santo, aprendí a estudiar asuntos que estaban más allá de mis habilidades naturales”. Esa combinación de saber que el Señor sí lo sabe todo y que el Espíritu lo puede ayudar a adquirir los conocimientos necesarios, le dieron la confianza suficiente para seguir aun cuando los estudios eran difíciles.

Mandato divino de seguir aprendiendo

El presidente Eyring nos da a cada uno el siguiente consejo, uno que también se lo da a sí mismo: «Cree que tenemos un mandato divino de seguir aprendiendo mientras vivamos y luego hasta la eternidad. Cree que el Padre puede enviarnos el Espíritu Santo, quien es el Espíritu de la Verdad. Se paciente y persistente en el aprendizaje. Con la ayuda del Espíritu Santo, y al aprender línea por línea a medida que somos diligentes en nuestros esfuerzos y llenos de fe en Jesucristo, podremos lograr mucho más de lo que creíamos posible».

“La misión de José Smith fue singular, sin embargo, su humilde oración puede ser un modelo útil para nosotros. Como nosotros debemos hacerlo, él comenzó teniendo fe en un amoroso Dios que puede comunicarse con nosotros y ayudarnos, lo cual hace. Esa fe estaba arraigada en las impresiones que había recibido al meditar en las palabras de los siervos de Dios en las Escrituras. Podemos y debemos acudir con frecuencia a la palabra de Dios y meditarla con detenimiento” (énfasis agregado).

Si tomamos a la ligera nuestro estudio de las Escrituras

“Si tomamos a la ligera nuestro estudio de las Escrituras, tomaremos a la ligera nuestras oraciones. Tal vez no cesemos de orar, pero nuestras oraciones se volverán más repetitivas, más mecánicas, carentes de verdadera intención. No podemos entregar nuestro corazón a un Dios que no conocemos, y las Escrituras y las palabras de los profetas vivientes nos ayudan a conocerle. Cuanto más le conozcamos, más le amaremos”.

Y nos da otra enseñanza importante: “Para amarle, también debemos servirle. José Smith lo hizo, y al final dedicó su propia vida al servicio del Señor. José oró con la intención de obedecer. Esa obediencia siempre conlleva el servicio a los demás. El servicio en la obra del Señor nos permite sentir una porción de lo que él siente y llegar a conocerle”.

Y qué bella promesa: “Si meditan las Escrituras y comienzan a hacer lo que pactaron con Dios que harían, les prometo que sentirán más amor hacia Dios y más del amor de él por ustedes. Y con ello, las oraciones de ustedes provendrán del corazón, llenas de gratitud y de súplica. Sentirán una mayor dependencia en Dios; encontrarán el valor y la determinación para actuar en Su servicio, sin temor y con paz en su corazón. Orarán siempre, y no se olvidarán de él, no importa lo que depare el futuro”.

Fotografía: Scott G Winterton, Deseret News.

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