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Opinión y estudio del evangelio

El amor de Cristo por cada uno 

El amor de Cristo por cada uno

Estamos viviendo en una época en que muchas personas piensan que Jesús fue un gran hombre, pero le quitan su divinidad. Yo valoro el testimonio que tengo de Jesucristo por sobre todas las cosas. Como hijo de un padre judío y madre chilena, obtuve mi testimonio de Cristo al leer el Libro de Mormón a los diecinueve años. Eso cambió mi vida y solicité ser bautizado como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Nuestro Señor Jesucristo tiene un amor infinito por cada uno de nosotros. El élder Melvin Joseph Ballard (1873–1939) del Cuórum de los Doce Apóstoles, el abuelo del presidente M. Russell Ballard, dejó un bello y penetrante testimonio del Salvador.    

“Me encanta contemplar lo que le costó a nuestro Padre Celestial darnos el regalo de Su Hijo Amado, ese digno Hijo de nuestro Padre, quien amó tanto al mundo que dio Su vida para redimir al mundo, para salvarnos y alimentarnos espiritualmente mientras caminamos en esta vida, y prepararnos para ir y morar con Él en los mundos eternos. …

Recuerdo una experiencia que tuve… , dando testimonio a mi alma de la realidad de la muerte [del Salvador], de Su Crucifixión y Su Resurrección, que nunca olvidaré. …

… Me encontré una noche en los sueños de la noche en ese edificio sagrado, el templo. Después de una temporada de oración y regocijo, se me informó que debía tener el privilegio de entrar en una de esas salas, para reunirme con un personaje glorioso, y, al entrar por la puerta, vi, sentado en una plataforma elevada, el ser más glorioso que mis ojos habían visto o que alguna vez concebí que existía en todos los mundos eternos”.

Esta descripción me hace pensar de la visión que el profeta Isaías obtuvo en el templo cuando Isaías vio a Jesucristo. “El año en que murió el rey Uzías, vi yo al Señor sentado sobre un trono alto y exaltado” (Isaías 6:1a). El élder Ballard sigue con su relato:

“Cuando me acerqué para ser presentado, Él se levantó y se acercó a mí con los brazos extendidos, y sonrió mientras pronunciaba suavemente mi nombre. Si vivo hasta un millón de años, nunca olvidaré esa sonrisa. ¡Me tomó en Sus brazos y me besó, me presionó contra Su seno y me bendijo, hasta que la médula de mis huesos pareció derretirse! Cuando Él terminó, caí a Sus pies, y, mientras los bañaba con mis lágrimas y besos, vi las huellas de los clavos en los pies del Redentor del mundo. El sentimiento que tuve en la presencia de Aquel que tiene todas las cosas en Sus manos, de sentir Su amor, Su afecto y Su bendición fue tal que, si puedo llegar a recibir lo que fue sólo un anticipo, daría todo lo que soy, todo lo que pudiera llegar a ser, ¡para sentir lo que entonces sentí!

… Veo a Jesús [pero] no ahora en la cruz. No veo su frente atravesada de espinas ni sus manos rasgadas con los clavos, pero lo veo sonriendo, con los brazos extendidos, diciéndonos a todos: ‘¡Venid a mí!’”

Después que yo terminé de leer el Libro de Mormón tuve una experiencia que tampoco podré borrar de mi mente. Sentí de la Presencia de nuestro Redentor, pero no lo vi. También tenía sus brazos extendidos hacia mí y con mucho amor me invitó a ser su discípulo. La invitación que me entregó fue una en que se me extendió una promesa y una advertencia.

La promesa fue, “Si me sigues y te mantienes fiel en el sendero del convenio, llegarás a saber la verdad de todas las cosas” (ver Moroni 10:5). El Señor invita pero nunca obliga. Siempre se nos da nuestro albedrío moral. La advertencia que siguió a esa bella promesa fue: “pero si llegas a aburrirte de mí, mejor sería que nunca me hubieras conocido”. Fue tanto el amor que sentí en esa ocasión que decidí ser un discípulo o seguidor de Cristo.

El Libro de Mormón que acababa de leer era el segundo que había recibido. Este me lo había regalado un misionero de estaca y acudí a él para que pudiera ser bautizado.

Testifico que Jesucristo es el Hijo de Dios, nuestro Salvador y Redentor. Que nos ama a cada uno con un amor infinito y que Él dirige a su Iglesia sobre la tierra, La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Fuentes:

Easton Black, Susan; Walker, Joseph. Anxiously Engaged: A Biography of M. Russell Ballard. Deseret Book Company, 2021.

URL https://www.churchofjesuschrist.org/study/ensign/2014/12/i-know-that-he-lives?lang=eng  From Bryant S. Hinckley, Sermons and Missionary Services of Melvin Joseph Ballard (1949), 147–57, as reprinted in “Classic Discourses from the General Authorities: The Sacramental Covenant,” New Era, Jan. 1976, 7–11.

Imagen: ChurchofJesusChrist.org

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