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Estudio del evangelio

Maridos, amad a vuestras esposas 

Maridos, amad a vuestras esposas

Si bien es verdad que somos responsables por nuestra propia felicidad y que esa felicidad va aumentando a medida que nos convertimos en verdaderos discípulos de Jesucristo, hay muchas cosas que un marido puede hacer para que su esposa pueda ser más feliz.

En Efesios 5:25 leemos: “Maridos, amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella”. ¡Qué bello mensaje para nosotros los varones!

Élder Eyring

“Si un esposo coloca las necesidades de su esposa por encima de las suyas, su amor por ella aumentará. Ese es el consejo dado por el Presidente Henry B. Eyring, de la Primera Presidencia, quien repite una breve enseñanza que a menudo los profetas y apóstoles dan a los esposos: ‘Ama a tu esposa’. Requerirá fe y humildad para poner los intereses de su esposa por encima de los propios en los desafíos de la vida’, dice el Presidente Eyring. ‘… Si decides incluso poner su felicidad por encima de la tuya, te prometo que tu amor por ella aumentará” (Ensign, enero de 2014).

Deseo testificar de la verdad de las palabras del Presidente Eyring. Cuando somos realmente atentos con nuestras esposas, y cuando las llenamos de pequeños actos de servicio y palabras de cariño, no sólo podemos ayudarlas a que sean más felices, sino que nuestro amor por ellas aumentará, nuestra propia felicidad acrecentará y llegaremos a estar más enamorados que nunca de nuestras compañeras eternas. También quisiera recalcar, como dice el Presidente Eyring, que esto requiere humildad.  

Élder Scott

El Élder Richard G. Scott enseña: “¿Le dices a tu esposa a menudo cuánto la amas? Le traerá una gran felicidad. He oído a hombres decirme, cuando digo eso, que, ‘Oh, ella lo sabe’. Tienes que decírselo. Una mujer crece y es bendecida por esa tranquilidad. Exprese gratitud por lo que su cónyuge hace por usted. Exprese ese amor y gratitud a menudo” (Ensign, enero de 2014)

Noten la respuesta de algunos a la sugerencia del Élder Scott, “Oh, ella lo sabe”. A través de mi carrera universitaria trabajando en psicología organizacional y también como miembro de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, en los varios llamamientos que he tenido, he notado que hay personas a las que les cuesta tanto recibir como compartir un elogio o palabras de amor y cariño. Algunos de éstos, en sus etapas formativas, no recibieron muchas palabras de aprobación en sus hogares. Ciertamente, las personas crecen en culturas familiares diversas en cuanto a las palabras de amor, cariño y aprobación.

Lo bueno es que podemos mejorar nuestra cultura de aprobación, tanto en nuestras familias como en nuestros otros entornos, y romper los ciclos negativos. Conozco miembros de la Iglesia que vieron comportamientos en sus familias que no les agradaron y han tomado pasos importantes para no repetirlos en sus propias familias ahora que son adultos. O sea, podemos forjar transformaciones hacia el positivismo.

Presidente Kimball

Para algunos, les es más fácil elogiar a personas fuera de sus familias que dentro, pero eso también lo podemos corregir. A otros, les es más fácil amar a sus hijos que a sus esposas, ya que generalmente nuestro amor hacia nuestros hijos es incondicional.

El Presidente Spencer W. Kimball citó Doctrina y Convenios 42:22 en este contexto: “Amarás a tu esposa con todo tu corazón, y te allegarás a ella y a ninguna otra”. Estos otros, enseñó el Presidente Kimball, incluyen a nuestros hijos. (Enseñanzas del Profeta Spencer W. Kimball, capítulo 18).

Presidente Nelson

El Presidente Russell M. Nelson explica que, de todos los deberes del sacerdocio, ninguno de ellos se iguala a la responsabilidad que tenemos de velar por nuestras esposas (Ensign, enero de 2014).

Las palabras de aprobación son potentes

Un hermano, al escuchar estas palabras sobre la importancia de compartir expresiones de amor y cariño con nuestras esposas, me preguntó, “Pero ¿qué pasa si no me va tan bien en mi matrimonio?” Quisiera afirmar que las palabras de afecto, ternura y amor y las acciones cariñosas hacia nuestras esposas deben existir sin que ellas hayan tenido que pagar algún precio para obtenerlas. Cada matrimonio tiene sus desafíos, pero hay excelentes formas de dialogar y conversar sobre éstos. Los retos no deben, no pueden significar que dejamos de expresarles afecto a nuestras esposas.

Como académico universitario, desarrollé un modelo que revolucionó la evaluación de desempeño en algunas empresas. ¿Cómo? Incorporando como pilar del proceso el elogio sincero y bien estudiado, evitando ciertas malas costumbres que destruyen nuestras palabras de aprobación. Tal como dar un cumplido a medias, o insinuar que deseamos algo en retorno por nuestras palabras o acciones.

 “Nunca en mi vida he sido elogiada de esa manera”, explicó una supervisora conmovida por las palabras del dueño de una empresa al experimentar la Evaluación de Desempeño Negociada (EDN). Después añadió con sentimientos de pesar, “Y yo tampoco he elogiado a mis subalternos de esa forma”. El efecto de este proceso de EDN suele hacer que las personas vuelvan al trabajo al día siguiente como nuevas y llenas de energía y con un mejoramiento de su desempeño.

No se trata de compartir palabras de aprobación para conseguir mejores empleados, pero ese es el resultado. Estos elogios permiten mejorar la calidad de los diálogos —ya que aumenta la confianza de poder hablar de todo— entre supervisores y subalternos. Y estas dos cosas son las que inyectan a las personas con energía y deseos de mejorar su productividad.

Cariño en nuestros matrimonios  

En el caso de nuestro matrimonio, tampoco elogiamos a nuestras esposas para conseguir algo de ellas. Lo hacemos permitiendo que el amor puro de Cristo brote por ellas en nuestros corazones.  En el matrimonio, insisto, lo hacemos para traerles felicidad a nuestras esposas. Y por supuesto, nada impide que tengamos esas conversaciones productivas. Pero recordemos que a la única persona que podemos cambiar en nuestras vidas es a nosotros mismos. Podemos tener excelentes diálogos y conversaciones, pero no podemos cambiar a otros.

Tal como el Espíritu invita, pero nunca obliga —ya que eso sería quitarnos el albedrío— nosotros podemos dar un ejemplo desinteresado a los que nos rodean.

Volviendo a las palabras de aprobación, ¿cuánto cuesta dar un elogio sincero? Es el orgullo el que se interpone para que no oremos y también es el mismo orgullo que se inserta para que dejemos de elogiar a nuestras esposas. O el que esperemos a que se lo merezcan. Por ende, el presidente Eyring habla de la importancia de la humildad en todo esto.   

De vez en cuando puedo ver el dolor en las hermanas que no se sienten apreciadas por sus esposos. Sabremos que realmente hemos tenido éxito en nuestros elogios cuando nuestra esposa desee agregar algo a nuestras palabras, o nos pide que repitamos el cumplido o las palabras de cariño. La forma más típica que lo harán es preguntando algo como, “¿Qué me dijiste?” Un elogio sincero y lleno del Espíritu llena un vacío importante en la vida de nuestras esposas.

Bendiciones para nuestras esposas

¿Qué nos imaginamos que nos diría Jesucristo si viniera a conversar con nosotros? Creo que sentiríamos de su amor y también, que Él tiene más confianza en nosotros de la que nosotros sentimos hacia nosotros mismos. Cuando tengo el sagrado privilegio de ejercer mi sacerdocio por medio de una bendición de salud o de consuelo, trato de primero enfocarme en sentir ese amor puro de Cristo por esa persona e intento transmitirlo hablando muy pausadamente y permitiendo que el Espíritu pueda confirmar esas palabras de amor y cariño en la persona que recibe la bendición. Cuando digo pausado, esto frecuentemente significa que paro de hablar completamente por varios segundos según lo indique el Espíritu.   

Lo invito a que le ofrezca una bendición de consuelo a su compañera eterna y que comience con esas palabras de amor y cariño que sienta por el Espíritu —sin apurar esta parte de la bendición.

También me gusta, frecuentemente, entrevistar a la persona que pide una bendición y escuchar los deseos de su corazón antes de comenzar. En una ocasión, justo antes de su martirio, el Profeta José Smith le pidió a su querida Emma que escribiera todos los deseos de su corazón y que él firmaría la bendición. Entre otras cosas su esposa pidió sabiduría, vivir de tal forma de no tener que lamentar su comportamiento al final de cada día, llegar a conocerse mejor a ella misma, creer sin dudar y el don del discernimiento y de la humildad. Se nota que ella tomó muy en serio esta asignación y sus palabras son muy poéticas.  

A través de las décadas, nunca me ha tocado, en estas entrevistas, que alguien haya pedido algo inapropiado o injusto. Al dar estas bendiciones, entonces, no olvidemos que debemos empaparnos con el Espíritu Santo y hablarles las palabras de amor y cariño que nuestro Salvador siente por ellas y que sentiremos por medio del Espíritu. Pienso que esta es la parte más primordial de cualquier bendición del sacerdocio, ya sea de salud o de consuelo. No olvidemos que estamos hablando, después de todo, por medio de la investidura divina que nos otorga el Salvador.

Conclusión

Comencemos hoy a colmar a nuestras esposas de palabras de amor y de cariño. Podemos dejarles un poema en sus escrituras; traerles flores u otras cosas que les agraden; traerles desayuno a la cama y muchas cosas más. El Espíritu nos va a ayudar una vez que demos el primer paso y aceptemos este desafío. Cuando oremos en familia e individualmente, oremos por las necesidades de nuestra esposa para que ella nos escuche.

 El Élder David A. Bednar explicó: “Siempre deberíamos recordar que el decir ‘te amo’ es sólo el principio Debemos decirlo, debemos creerlo, pero igualmente importante es que debemos mostrarlo. Debemos tanto expresar como demostrar nuestro amor”. (Ensign, enero de 2014) Y por supuesto, los profetas y apóstoles también les han dirigido palabras similares a nuestras esposas. Ellas también deben trabajar para mejorar y ser mejores esposas. Emma Hale Smith, la esposa del Profeta, entre sus peticiones que añoraba incluyó: “Deseo con todo mi corazón honrar y respetar a mi esposo … vivir siempre en su confianza y actuar al unísono con él y conservar el lugar que Dios me ha dado a su lado”. Por lo que, “El que tiene oídos para oír, oiga” (Mateo 11:15).

Fuente fotográfica: Ryan Franco de unsplash

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